Advierto que me
miras de reojo
mientras aclaro mis
sueños
en la nebulosa de
esta tarde apurada
que ya se tiende a
dormir
en el lecho del
ayer.
He anotado en mi
piel
el poema que
preparé para ti
mientras caía esa
tarde
entre tus muslos de
seda
que mis manos
exploraron
mientras gemían tus
dedos
en mis pupilas
enamoradas
de tu infinidad de
musa…
Pero estoy aquí
sediento de tu
piel esposa mía,
añorando la fe que
ya no tengo
para seguir
latiendo
y no morirme en
este ocaso.