Duerme mi piel
sobre tu
piel etérea,
respiro luz
y tu silencio
por mis
poros imaginarios
mientras bebo
el incansable beso
que me
prometieron tus caderas…
Entonces me
supe humano
y gateé por
las indelebles huellas
que alguna
emoción sembró en mi pecho
y me dejé
llevar mansamente
hasta la estancia
grata de tu risa
que esta
noche inquieta me hace falta.