Recorro tu piel con mis ojos ansiosos y poso serena tu imagen en mi alma para acariciarla una y mil veces como desde siempre en algún verano.
Mis manos sedientas de tu piel de diosa viajan por tu hoy viajan por mi siempre cuando te recuerdo ahí eres mía.
Diosa de mi edén, reina de mis sueños, espero una tarde llegue con su ocaso y tú en mis brazos dispuesta a todo viajes junto a mí hacia el horizonte, en donde las horas son solo suspiros, en donde el dolor se extingue a sí mismo mientras cabalgamos sin dudas ni prisas hacia esa luz que juntos soñamos una noche insomne en que nos amamos.
Intento alcanzarte sin palpar tus miedos retándole al tiempo que intenta alejarme de aquellos latidos, de tantos pesares que esa noche febril nos dieron la calma; mientras mis tímidos besos recorrían ansiosos tu edén reciente musa de mi ayer y de mi siempre.
Siento que tu aroma de diosa terrena perfuma el silencio de mis dubitaciones y deja que mi alma sedienta de ti conjugue su dicha con una mirada que vuelve a fundir mi alma con tu alma como aquel verano que jamás olvido.
Pasó el tiempo labrando con sus garras mil surcos en mi piel y guardé este “te amo” jugueteando en mi memoria hasta este instante en que tus divinas manos acarician mi hoy en la distancia.
Y entonces late a prisa mi existencia y palpita tu nombre en mi ser cada instante, poblando mi pesar de alegrías llenando mi vacío existencial con tu imagen real hoy para siempre…
que unamos nuestros sueños en un beso no será necesario que rocen tus labios con los míos ni que tu piel se funda en mis caricias.
La siguiente aurora que nuestras ilusiones ansíen mil caricias no será necesario que rocemos nuestros cuerpos como aquel ayer que aún late en mis recuerdos.
Te dejarás llevar por mis palabras y anclaremos nuestra barca en el instante para mejor mirar el horizonte y vislumbrar los pasos que seguimos a través de la geografía inusitada de todos esos sueños hechos carne.
Y amaremos el ayer y sus mañanas con la misma vocación de este instante a través del tiempo y sus recodos sæcula sæculorum amándonos como tanto soñaron nuestros cuerpos.
Beso tus labios, hoy aquí en este trecho de mi andanza mientras me acoplo tembloroso en la geografía intacta de tu cuerpo para mejor viajar volando por mis sueños.
Acaricio tu piel de diosa con mis manos distantes de tu cuerpo mientras ensayo una sonrisa que contenga mi nostalgia, cuando allá bajo la lluvia deteníamos el tiempo en la eternidad de un beso que aún nos ata en mil recuerdos.
Avanzaba la noche mientras tú y yo asidos de la mano poblábamos de besos nuestra espera allá, un verano que no olvido bajo la noche estrellada allá, lejos de este día y de tus ojos.
Tú, divina como siempre; mi miedo en ti, deseando que esa dicha sea eterna; tú en mis brazos, dejando tus segundos en mis sueños que aún laten a prisa; mi perpetua espera, rozando tu piel soñada y tornándose eterna…
Hoy, busco en un adiós tu voz, tu luz, tu aroma, tus caricias, para seguir la pena resistiendo.
¿Recuerdas esta tarde –a mil años luz– cuando bajo la noche te amé apasionadamente, cuando el silencio inmenso fue testigo de la dicha que emanaba de tu piel de diosa?
No habrás olvidado la promesa que hicimos sentados a la vera de un camino, sedientos de un consuelo adolescente de amarnos sin fronteras ni temores.
No habrás dejado volar mi voz como yo que revivo tu risa cada instante, no habrás dejado que este hoy sea hoy y que un latido acelere tus recuerdos y se posen tus labios en mi espera.
Si aún resuena mi canto en tus oídos aquí estoy para amarte en silencio y dejarme conducir hasta tu cielo donde morar los dos eternamente.
Madreselva, selva, madre; madre de todo lo creado, dadora de augurios y aleluyas fuente de lo tangible y de lo etéreo; mis ojos se posan en tu calma buscando solución a mis pesares, tratando de sentir lo que mis manos intuyen en lo adverso y en lo ignoto.
Eres la fuente vital, oh, madreselva, selva vital; alimento primigenio que nos induce a la vida, eres el eje de los actos cotidianos, la médula espinal de lo existente; sin tu mirar el día sería noche, sin tu latir la dicha solo llanto y este pedazo de “barro pensativo” no hubiera visto el tiempo polvo al polvo.
madre de mis retoños; tú que pueblas mis recuerdos, tú el lucero que guía mi andar en la penumbra.
Tú que una tarde de febrero sembraste en mi alma tu luz dejando que mis manos te tienten y mi piel se funda en tus besos.
Tú que una noche cualquiera me diste tu amor y mi calma no es calma si tú no estás si no me acaricias ni besas mis labios…
Tú, Dulcinea real, mi diosa, mi todo, socorre mi hoy que espera tus besos socorre mi angustia que añora tu voz esa voz que diga otra vez ese te quiero en un murmullo que nace de tu alma y se pose en mis días.
Hay latidos en el alma, que buscan cantarle a la vida a través del grito poético; estos versos libres esperan llegar al alma, porque es de ahí de donde fluyen. Y a pesar de su simpleza estructural y estilística esperan llegar a tus sentidos. Estos versos de la emoción nacen como gratitud y eterna contemplación a mi amada esposa....